jueves, 22 de julio de 2010

Relación a distancia, relación perfecta

Saludos salid@s.

Un gran clásico en las relaciones lésbicas son las relaciones a distancia. Esto se produce a menudo debido al uso desmesurado de los 'chats' para ligar (ya hablaré de estos 'chats' en otro 'post'). Si la cosa sólo se quedara en eso, en ligar, en un cibersexo, en un polvete esporádico o sólo en una amistad (sí, las lesbianas somos así de insulsas) no pasaría nada si la chica en cuestión fuera de Cuenca y tú de un pueblo perdido de Pontevedra. El problema es que las lesbianas no podemos tener contacto normal con otros seres, siempre nos enamoramos. Nos enamoramos de nuestras amigas, de nuestros gatos, de nuestros juegos de la Play y de nuestros 'privados' del chat. Es entonces cuando te das cuenta: "Oh, my god. Mi amor vive a 800 kilómetros". Sí hija, eres así de gilipollas.

Aquí llega el drama. Echas de menos a tu amorcito, cuando sales a cenar con tus amigos emparejados siempre vas de candelabro, cuando te entra el calentón te contentas con el pomo de la puerta... Niña, tú lo elegiste así. Pero encima está el tema de la fidelidad. ¿Cómo ser fiel faltándote cariño, teniendo a tu novia a 800 kilómetros y sin posibilidades de enterarse de tus andanzas y calentorra como una perra? Pues algunas pueden. Ya sabéis, el amor, que lo puede todo.

A pesar de todo esto, puedo decir que yo tengo la suerte de tener una relación a distancia. Sí, soy una de tantas gilipollas que me eché la novia por internet, pero qué queréis que os diga, el amor no entiende de cutrez. Sin embargo, yo tengo la respuesta a la pregunta anterior. ¿Que cómo ser fiel con tu novia en la distancia? Pues siendo fiel cuando estás con ella físicamente y siendo infiel cuando no, que es la mayoría del tiempo. "Hola, me llamo Bollito Rariro y soy una infiel". Al fin y al cabo, quién no lo es.

Es por eso que, para mí, la relación a distancia es la relación perfecta. Tienes amor, que a todo el mundo le gusta, pero tienes la libertad de la soltería. Bueno, lo que no tienes es escrúpulos, pero en fin, tengo tantos defectos que me da igual endosarme uno más.

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